sábado, enero 31, 2009

Retrato de un imprescindible


Jorge Newbery es, ante los ojos de la historia, el Padre de la Aviación Argentina. Pero aquel polifacético hombre de la vida nacional de principios del siglo pasado fue mucho más que eso: resultó un espejo. Porque fue deportista múltiple, investigador en el ámbito de la electricidad y del subsuelo, hombre de ciencias, funcionario inobjetable... Ese personaje fue inspirador también para aquellos pibes del Colegio Luppi, que tenían sueños de fútbol más allá de las aulas. George --como le decían sus amigos de la alta sociedad porteña-- tenía un pedazo del corazón mirando a ese sur laburante, rancio, bravo, tanguero y licencioso. Y se vio a él mismo en los ojos y en la intensidad de los jóvenes fundadores de lo que luego sería Huracán. Era su pasión la del Negro Laguna, la de Ernesto Dellisola, la de Gastón Brunett, la de Tomás Jeansalles.

Señala Alejandro Guerrero en la biografía "Jorge Newbery": "Parece, a primera vista, el personaje ideal para construir la biografía simpática, amena, de un hombre que tuvo para eso todos los ingredientes: deportista, aviador, dandy, persistente frecuentador de prostíbulos, del humo de los puros y del champagne de Armenonville". Del mismo modo es cierto, que el bon vivant de Belgrano era mucho más que el perfecto aventurero del aire. Mucho antes de eso ya era mirado con recelo por las multinacionales de hidrocarburos a consecuencia de un libro fundacional: El Petróleo, la primera obra publicada en el país sobre la explotación petrolera. Antes que su amigo Enrique Mosconi, ya había recomendado declarar reservas estatales a toda zona potencialmente petrolífera.

También escribió leyes sobre seguridad laboral para el socialista Alfredo Palacios, su amigo y compañero de varios viajes en globo. Cuenta Néstor Vicente, ex candidato a Presidente de la Nación y autor del libro "Del Globo y de la Quema": "La amistad entre Newbery y Palacios fue muy singular. Una vez algunos navegantes y aficionados a este deporte de clase alta habían organizado una silbatina para repudiar al dirigente socialista. Jorge, enterado, les dijo tajante: 'Cuidado con lo que hacen. Silbar al doctor Palacios es lo mismo que silbarme a mí y eso no lo permitiré'". Nadie silbó aquella vez.

Practicaba remo, esgrima, natación y fue uno de los impulsores del boxeo en la Argentina. Tenía tiempo para todo: se recibió de ingeniero electricista en el Drexel Institute de Filadelfia (Tomás Edison fue su profesor) y en 1900 fue nombrado como Director General de Alumbrado de Buenos Aires. Desde tal condición desarrolló importantes estudios sobre el empleo de la energía eléctrica y el gas. Poco después, intercambiaría cartas con aquel piberío del sur que no tenía nada para armar un club de fútbol. Salvo una pasión enorme. Y la generosidad de un tal Newbery.

En mayo de 1911 Newbery es designado Socio Honorario de Huracán, ya que se había convertido en eslabón imprescindible de su fundación. Simultáneamente el club solicita a la Municipalidad el préstamo de un terreno en la calle Arenas (hoy Almafuerte), cercano a la estación de ferrocarril Sáenz, para construir la cancha que permitiera jugar en la Asociación Argentina. El propio Newbery, entusiasmado con aquel impulso, se encarga de encabezar la gestión. Le simpatizaba el Barrio de las Ranas (esa geografía que hoy se reparten Parque de los Patricios y Pompeya).

A cinco años de su fundación, Huracán ya estaba en la categoría más alta del fútbol argentino. Entonces, la Comisión Directiva le envió a Newbery, un telegrama a modo de agradecimiento: "Hemos cumplido. El Club Atlético Huracán, sin interrupción conquistó tres categorías, ascendiendo a primera división, como el globo que cruzó tres Repúblicas".

Pero el inmenso Newbery no pudo ver a Huracán, su Huracán, en Primera. El Padre de la Aviación Argentina falleció 28 días antes: el 1 de marzo de 1914, en Los Tamarindos, Mendoza, la muerte lo encontró en el aire, en su aire, piloteando un avión. Dos semanas antes, el 14 de febrero, Newbery había batido el récord de altura en aeroplano al alcanzar los 6.225 metros. A su entierro, en la Sociedad Sportiva de Palermo, concurrieron 50.000 personas. El 29 de marzo de ese año, Huracán disputó su primer partido en la máxima categoría del fútbol argentino: derrotó 4-2 a Ferro, como local. Newbery no estaba en las tribunas. Pero quedaría para siempre estampado en las camisetas, al lado del corazón.

Texto publicado por el autor del Blog en el libro "Huracán, 100 años", publicado por Clarín, en ocasión del Centenario del club.

Post publicado desde Montevideo, Uruguay.